Cuenta la Mitología Griega, que fue la tristeza de Deméter, diosa de la fecundidad y la tierra, al perder a su hija Perséfone condenada a permanecer en el mundo subterráneo durante varios meses al año, la que provocó que, durante esa época, la tierra se volviera estéril, con poca luz y fría, dando lugar al Invierno. Un invierno, que no ha parado de traer abundante agua e incluso nieve, todo un regalo para los que piensan en los campos, la tierra y la naturaleza y una condena para el que vive atrapado en la ciudad porque dice que altera su rutina cotidiana.

Paralelamente, empezamos un nuevo año, 2010, donde hemos depositado nuestros sueños, objetivos o propósitos de vida que no sólo han de quedarse en un ámbito personal o individual. Es muy importante dar gracias a la existencia por despertarnos cada mañana, por formar parte de esta gran aventura y por disfrutar de este aprendizaje constante pero igual de importante es potenciar nuestra capacidad de fascinación o sobrecogimiento frente a la indiferencia, uno de los males de esta sociedad, para poder observar, experimentar y participar en todo lo que sucede dentro y fuera de nosotros mismos.

Desgraciadamente,  a veces, esa toma de consciencia aparece cuando ocurren desastres, que nos recolocan y nos hacen “bajar de las nubes a la tierra”, como el que ha tenido lugar en Haití, uno de los países más pobres de Latinoamérica, para muchos casi desconocido, que  hace unos días, se presentó al mundo, devastado, desgarrado y desconsolado en todos los sentidos: fisico, psicológico y emocional.

Ayudar a aquellos que lo necesitan nos conecta con un sentimiento de unidad que es el que realmente proporciona y otorga sentido a nuestra vida como ser humano. Cada uno de nosotros, sabe y cómo puede ayudar, recuerda que

“Eres porque los demás son y los demás son porque tú eres. Todos existimos, crecemos y maduramos en esta unidad, reciprocidad y mutualidad”.
Satish Kumar